Comencemos entendiendo sus orígenes. Mindfulness, es un término en inglés para la palabra Sati de la extinguida lengua pali, remite particularmente a la meditación vipassana del budismo (meditación en la atención plena) tal y como está siendo utilizado en el campo de la psicología y suele traducirse al español como atención o consciencia plena. Sati refiere a una actividad no conceptual y no verbal basada en la atención plena estabilizada, lo cual permite que emerja un estado de consciencia no condicionada por las memorias autobiográficas, que proviene de nuestro sentir puro en la experiencia directa. En este sentido, Mindfulness es un estado de consciencia pura, no conceptual y no verbal, libre de los filtros y del análisis del pensamiento, conectado a la contemplación y a la exploración de la experiencia directa en el presente.
No obstante, ni el término inglés mindfulness ni los términos españoles atención o consciencia plena, recogen la profundidad del significado original, por cuanto no existe un término equivalente en la cultura occidental. Con ello, Mindfulness hace referencia a vivir con plenitud el momento presente, mantener la atención plena en aquello que estamos experimentando sin atender al flujo de pensamiento ordinario que constantemente surge en nuestra mente. Vivir con atención plena implica estar en el presente con toda nuestra consciencia, con todos nuestros sentidos, con presencia.
Mindfulness ha sido incorporado a la psicología contemporánea como una técnica que permite gestionar más eficientemente ciertos procesos mentales relacionados con diferentes trastornos psicológicos, lo cual ha generado una enorme cantidad de investigaciones que señalan su eficacia en problemas como la ansiedad, el déficit de atención, la depresión, el estrés o el dolor crónico. Asimismo, la práctica de la atención plena combinada con el fomento de la amabilidad, la compasión y la gratitud se refuerzan mutuamente y conducen hacia resultados positivos sobre el bienestar y la felicidad, entendidos como un estado profundo de serenidad y plenitud mantenido en el tiempo, que nos permite gestionar mejor los distintos estados emocionales.
Es importante citar que, aunque la mayor parte de estas investigaciones son de carácter positivista se enfrentan a la paradoja de estudiar un fenómeno ontológicamente no conceptual y no dualista, como es Mindfulness, utilizando métodos basados en una visión dualista del mundo y a través de técnicas de medición estandarizada. Lo anterior, es posible que este convirtiendo esta práctica milenaria en un mero ejercicio situado en una intervención psicológica positivista o en una práctica de moda que desatiende sus fundamentos morales originales.
Considero necesario acometer más investigaciones de carácter cualitativo que nos reporten una información más profunda sobre la experiencia del participante, así como su repercusión en el conjunto de su vida, atendiendo no sólo las posibles mejoras respecto a problemas psicológicos concretos, sino en lo relativo a sus valores y actitudes morales. Finalmente, expresó que el énfasis en el análisis global, la atención a la experiencia desde una perspectiva holística y multidisciplinar, así como los constantes procesos de corroboración, triangulación y adecuación referencial, señalan el gran potencial que el paradigma naturalista puede aportar a la investigación sobre mindfulness.
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